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Iwater 06-08-2021
La magnitud de los cambios en la tierra a partir de la falta de agua va más allá de lo que pensamos
Equipo de contenido SCELC

La lucha contra la desertificación y la sequía, siendo cambio climático y energía uno de los ejes de Smart City Expo Latam Congress, es importante aportar información respecto a este tema. 


En el año 2015, las Naciones Unidas establecieron diecisiete ODS (objetivos de desarrollo sostenible), cuyas metas pretenden ser alcanzados para el año 2030. 

El ODS 12 trata sobre “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles” y el ODS 15 busca “cuidar, restablecer y fomentar el uso sustentable de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, detener y contrarrestar el deterioro de las tierras, combatir la desertificación y frenar la reducción de la biodiversidad”, por lo que ambos están muy ligados a la crucial necesidad de usar nuestros recursos de manera adecuada.


La importancia de la restauración de las tierras erosionadas es que ayuda a reducir el carbono en la atmósfera, el cual calienta la tierra y contribuye al cambio climático, además de que la biodiversidad puede ser recuperada gracias a ello. La desertificación tiene que ver justamente con esto: cuando las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas son sobreexplotadas, éstas pierden su capacidad para producir vida, incluso la de microorganismos, lo que impide que se capte el carbono, generando el círculo vicioso antes descrito. 


La sequía, provocada por la ausencia de lluvias o la insuficiencia de éstas a lo largo de un periodo largo de tiempo, hacen que el agua se vuelva insuficiente para abastecer a los seres vivos que viven en las regiones afectadas. 

Esto se ve reflejado en temas como el de las presas: en México, por ejemplo, en fechas recientes se ha dado a conocer que los volúmenes de agua en estos depósitos dentro del territorio nacional registran niveles exiguos de almacenamiento, alcanzando apenas el 35.1% de su capacidad al 11 de junio del año en curso de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua). En estados como Querétaro, Morelos y Sinaloa, las presas apenas llegan a niveles que van del 6.2 al 8.2% de su capacidad. 


De acuerdo con la ONU, alrededor de doscientas cincuenta millones de personas en el mundo sufren de forma directa las consecuencias de la sequía y la desertificación, además de que aproximadamente mil millones más están en zonas de riesgo distribuidas en cerca de cien países. Estos datos vuelven más tangibles ambos conceptos y nos dan una perspectiva un poco más clara sobre los peligros de no atender el tema de la carencia de agua. 


El día cero se refiere al día en el que un lugar se queda completamente sin disponibilidad de agua. Actualmente, diecisiete países, donde vive alrededor de una cuarta parte de la población mundial, ya utilizan cerca del 80% de sus reservas de agua, lo que los acerca de manera peligrosa al día cero. Son factores como el estrés hídrico, el riego agrícola excesivo y la falta de reutilización de las aguas residuales en lugar de su desperdicio los que hacen que el pronóstico sea más desfavorable. 


Además de las cuestiones directamente relacionadas con el tema del agua, es importante volver al punto de las sequías y la desertificación y mencionar que se trata de fenómenos que se retroalimentan, lo que los convierte en una combinación catastrófica y extremadamente amenazadora. 


Este tema ya está siendo atendido por diversas instancias en América Latina y algunas de las propuestas para contribuir a la mitigación de estos problemas requerirían de la tecnología, por ejemplo, generando e instalando mecanismos que detecten fugas, intrusión salina, aparición de metales pesados o la sobreexplotación de acuíferos para detenerlas y resolverlas, además de que, siguiendo, por ejemplo, el Plan Integral para el Manejo del Agua propuesto por la Universidad Autónoma de Baja California Sur en el 2015, se podría medir el consumo del líquido vital por edificio, mejorar las instalaciones sanitarias, dar tratamiento a las aguas residuales, cosechar el agua de lluvia y construir infraestructura verde, cuestiones que fácilmente podrían ser abordadas en una ciudad inteligente.


Es momento de actuar como comunidad y crear consciencia respecto a la situación en la que estamos globalmente frente al tema del agua y el cambio climático, antes incluso de la fecha del 2030 propuesta por las Naciones Unidas y de que sea demasiado tarde y las afectaciones ya no puedan ser detenidas, ni mucho menos contrarrestadas. La solución está en todos y cada uno de nosotros.